El viernes 23 de junio, a las 23:30 horas, tomé la salida en la Gran Trail Peñalara, prueba de 114 kms y 5100 metros de desnivel positivo y otros tantos negativos.

Fuimos más de 500 los inscritos y desde que llegué a Navacerrada ya percibí ambiente trailero.
Antes de seguir quiero explicar que mi planificación para el año 2017 va encaminada, principalmente, a tratar de hacer frente a la UTMB. En esa previsión, tras completar 4 carreras cortas (Daroca, Horcajuelo, Cadrete y Luesia) y una de 80 kms. (Courel), me tocaba realizar una ultra en la que debiera pasar una noche en carrera (en Aneto y UTMB pasaré dos noches). Por eso era tan importante finalizar la GTP.

También aprovecho para decir que en estas carreras, cuando vamos a pasar de 20 horas, llegamos a unos límites tales que nunca sabemos como va a responder nuestro organismo, ni nuestra cabeza. Por eso es tan importante finalizarlas, porque es como si consiguiéramos impulso para la siguiente.

Es muy importante una buena forma física, pero no lo es menos la fortaleza mental, el control alimenticio antes y, principalmente, durante la prueba, la equipación que nos evite rozaduras, el peso adecuado en la mochila, la hidratación es vital, la economía del esfuerzo, la decisión para afrontar tramos difíciles, casi imposibles, de día o de noche, no descentrarse por cuestiones no previstas, no abusar del móvil y perder en los avituallamientos solamente el tiempo necesario. Sin cumplir con estos consejos que extraigo de mi experiencia, resulta muy difícil finalizar una ultra de 20, 30 ó más de 40 horas.

Volviendo a la GTP hay que decir que la salida fue muy rápida, callejeando por Navacerrada, con muchísimo público animando y aplaudiendo. Todos íbamos buscando una buena colocación para poder llegar a los senderos de subida a La Maliciosa en las mejores condiciones, pero yo iba ya con la lengua fuera. Como en todas las pruebas que comienzan por la noche, los corredores con sus frontales (exigen dos a cada uno) parecían una serpiente luminosa moviéndose por los senderos. Ese tramo de 9 kms. y +1052 lo recorrí en 1:51:21.

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A continuación había que negociar un descenso nocturno hasta Canto Cochino. Yo subo regular y desciendo bastante bien, siempre que respondan las fuerzas. El descenso fue complicado, por terreno difícil, aunque también cogimos algún tramo de sendero y de pista. Esos 8 kms. y -1202 los recorrí en 1:24:42. Iba bien en esos momentos.
El tercer tramo finalizaba en Hermanos de San Blas. La primera subida fue dura y, además, empezábamos a pasar calor, porque avanzábamos por unos barrancos bastante encajonados. Al llegar al final de esta etapa (10 kms. +500 y -380) en 2:13:35, ya llevaba la boca muy seca y no me resultaba fácil hidratarla. Me dirigí al Servicio Sanitario para pedir consejo; me dijeron que podía ser un principio de hipoglucemia (algo así me pasó en Sierra Nevada) y que tomara gominolas y mucha naranja. Así lo hice, y fui sobreviviendo hasta La Granja (km. 81).

Abandonamos este punto y nos dirigimos al Puerto de La Morcuera, por un terreno muy exigente. Fueron 12 kms. con +667 y el cierre de control pendiendo sobre nuestras cabezas. Llegué en 2:46:07, para un tiempo total de 8:15:45. Eran las 07:45:45, ya era de día y había pasado por 15 minutos de margen. En ese punto cortaron a más de 60 corredores.

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A partir de allí, fuerte descenso hasta Rascafría (15,5 kms. y -752) con unas cuantas tachuelas de subida. Lo hice en 02:21:34. En esta localidad estaba mi “bolsa de vida”, me cambié de camiseta, me lleve otra seca, repuse energías y comencé las dos etapas cruciales de la GTP.

Había que subir al Puerto del Reventón, cuyo nombre ya asusta, y luego a Peñalara. ¿Cómo os lo contaría yo? Son dos tramos, pero es una única subida. Para llegar al Puerto del Reventón cogimos una pista, luego sendero muy exigente, y después, una sucesión de zig zags con mucha pendiente, para completar 8,5 kms. y +870. En esos momentos ya compartíamos trayecto con los de la prueba de 60 kms. que iban como motos, mientras nosotros no podíamos ni con el pelo. En un collado encontramos el avituallamiento del Reventón. A partir de aquí había que atacar con decisión la subida a Peñalara. Hasta el pico había 8 kms. y +653, es decir, +1523 entre esas dos partes. Iba bastante tocado, pero a partir de allí comencé a correr en algunos momentos y mi cuerpo se repuso del esfuerzo. El ascenso a Peñalara se resume en un subidón al primer pico, que yo creía que ya era Peñalara, pero cuando asomé la nariz me encuentré un cordal de 1500 metros, de bloques enormes de piedra descompuesta, por los que solo podíamos pasar de uno en uno y que me llevó 1 hora y 15 minutos recorrerlo, de subida y de bajada. En total, desde Rascafría a Peñalara fueron 05:11:39,. Ya eran las 15:18 horas y aún me quedaban 43 kms. (una maratón). Abordé con alegría el siguiente tramo de descenso hasta La Granja de San Ildefonso, pero pronto me calmé, por dos motivos. El primero que apenas se podía correr por la cantidad de piedras sueltas que había por el sendero y porque, en determinado momento, se me rompió la suela de la zapatilla derecha, se despegó del cuerpo de la zapatilla y observé que me había saltado la protección en ambas suelas. Con unos 35 kms. por delante pensé que era el fin. El segundo motivo fue que nunca llegábamos a La Granja, ni podíamos visualizar la localidad. Al final, tras casi 14 kms. (no los 10 del rutómetro) llegué, descompuesto, en 02:43:49. Y aquí llegó el momento clave (porque en todas las carreras existe un momento clave). Era las 6 de la tarde, iba casi sin zapatillas, con ampollas en los dos pies, sin un átomo de energía en el cuerpo, se echaba encima la noche y yo sabía que iba a tardar mucho en llegar a meta (si llegaba). Me lo tomé con calma, porque había llegado con una hora sobre el cierre de control.

Pedí permiso al staff para avituallarme por mi cuenta y, tras una cañica, un refresco de naranja con hielo, un Nestea y unos boquerones, equilibré mi metabolismo y decidí seguir hacia adelante.

El resto fue penar y penar. La suela se soltaba, apoyaba con cuidado en cada zancada y por delante tenía un tramo largo, de 12 kms. y +370 hasta la Casa de la Pesca. Costó llegar mucho, 03:30:48, y ya comenzaba a anochecer, puesto que eran ya las 21:31 horas. Tras beber abundante, nos ofrecieron unas cerezas estupendas y reanudé el viaje con un compañero.

Parecía que ya estábamos, pero el siguiente tramo, de casi 5 kms. y +450 nos llevó a Fuenfría, por una cuesta que difícilmente olvidaré. Fueron 2 kms. de subida, pero era ya de noche y la pendiente tenía un porcentaje exagerado. A continuación nos dirigimos a Puerto de Navacerrada, a 6 kms. y +210, acompañados por voluntarios de la organización que ejercían de corredores escoba. Se habían retirado un tercio de los inscritos (unos 180 sobre 500) y nos acompañaron durante el recorrido, eso sí, siempre nosotros delante. Tuvieron claro que podíamos y debíamos llegar, y les agradecimos su apoyo, compañía y confianza.

Ya casi estaba, eran las 00:29 de la noche del domingo (había salido el viernes) y tenía que recorrer los últimos 10 kms. Cogí buen ritmo, por senderos muy técnicos y poco recomendables para mis zapatillas y, cuando llegué a la pista de entrada a Navacerrada (3 kms. en total), me dediqué a caminar relajado y a saborear la llegada a meta, conseguida con mucho sufrimiento.

GTP - Angel S.
GTP – Angel S.

La satisfacción es enorme al concluir una prueba tras más de 27 horas. No debemos olvidar que los ritmos en carreras de 20, 30 o 50 kms. no se parecen en nada a lo que podemos dar de sí cuando llevamos un montón de horas en carrera. Es entonces cuando hay que tratar de aguantar en competición y seguir adelante, siempre adelante.

¡¡ Aúpa mundo080 !!

GTP - finisher
GTP – finisher
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