10 de Julio.
Aún quedan unos días para la carrera. Creo que no sería honesto escribir sobre estos prolegómenos después del 22, cuando ya sabré si finalmente he (hemos) terminado la carrera. La Vuelta al Aneto, palabras mayores. 55 kilómetros, 3630 metros de desnivel positivo. El libro de ruta marca seis tramos, dos de ellos con dificultad alta-muy alta, uno detrás de otro, a los que sigue otro de dificultad alta. Estimación por encima de las 15-16 horas. Nunca he pasado de diez. Vamos Juan, Sergio y yo. Un montón de compañeros en la maratón de las Tucas (Josi, Fuen, Curro, Jaime, Carlos, Natxo, …) y alguno en la media del domingo.
Tengo sensaciones completamente contradictorias. El año pasado estaba parecido, pero no había hecho ninguna carrera de montaña de larga distancia. Ahora, cuando escribo esto, llevo tres maratones de montaña, pero hace ya unos meses del último. Llevo muchos kilómetros acumulados, muy diversos, pero no demasiado específicos para esta empresa. Y poquito en altura, además. Me veo lento, pero fuerte. Menos agotado antes de salir que el año pasado. Espero que sea por haberme medido, o por estar mejor, y que no sea por faltarme entreno. No sé.
Tengo el material casi completo, con cambio de mochila incluido. El año pasado en Tucas fui justo de espacio, y aquí hay más material obligatorio. Y además, quiero llevar algo adicional, alguna crema para recuperar si vienen calambres, por ejemplo. Y un cargador para el móvil. Dudas con los botellines, pendiente lo de los geles y sales, alimentación… madre qué verde estoy. El año pasado subimos un 3000 para habituarnos. Este año no, sólo Juslibol, Guara y un par de veces el Moncayo (gracias Josi). Entrenos más cortos, bien de desnivel, pero tal vez escaso para lo que viene. Una vez más, no sé.

14 de Julio.
Se publicó el otro día en el Facebook del GTTAP la obligatoriedad de llevar crampones (Gran Trail y Vuelta al Aneto) y sobrepantalón de lluvia (los mismos, más Tucas). Si hace falta llevarlos, se llevan, sobre todo los crampones y así se evitan situaciones de riesgo. Otra cosa es que al final pareceremos sherpas. Menos mal que he cambiado de mochila. Queda mucho, pero hay previsiones para el 22 de posibilidad de lluvia. En la meteo que viene avisan que el calor de estos días bajará a partir del jueves o viernes (por cierto, dice que corre la Vuelta al Aneto, y que este año ha decidido entrenar menos y menos intenso – “Train Low – Race High”). Mañana tirada larga en Juslibol, se supone que tranquila, con material de carrera. Estoy mucho mejor de las molestias que tenía en la corva de la pierna derecha, casi desparecidas por completo. Vamos bien. La semana que viene tocará descansar, y empezar a hidratarse desde ya.
Por cierto, camisetas específicas para la carrera encargadas. Con suerte, las tendremos el jueves. Han gustado en el grupo, parece.

16 de Julio.
Ayer tuvimos un entreno serio, el último antes de la carrera. Hicimos la ruta Juslibol – Alfocea – Atalaya – Alfocea – Juslibol. Sergio, Natxo, Fuen y yo, 31 kilómetros y pico, un calor sofocante y mucho andar. Como entreno, el más largo que hemos hecho nunca. Lo pasé mal por falta de agua, y eso que estábamos advertidos. Dentro de lo malo, anduve mucho a ritmo de carrera, y los cuádriceps se portaron. Al final, por la deshidratación, algún calambre de más. Volví a ser el más lento del grupo, pero es que estuve muy lastrado. En condiciones algo más normales no hubiera sufrido tanto. Habrá que darlo por bueno. Esta semana de descanso total hasta el arreón final.
E-qui-po.

17 de Julio.
Ayer se publicó la rectificación: no es necesario llevar crampones, no hay casi nieve. Un problema de seguridad menos, un peso (y un bulto) menos. Lo del cubre pantalón impermeable está por ver, daban lluvias. Al menos es lo que indica la predicción, a cinco días. Estamos todos en modo carrera, alimentación, parada de entrenos… y monotema en la cabeza. Qué tendrá esta carrera, que construimos todo el año deportivo pensando en esas horas. Todo, por grande o duro que sea, lo concebimos como test para el Aneto. Hoy me he permitido imaginarme pasando la meta, o eso, o me ha venido a la cabeza sin querer. No quiero tentar la suerte, hay que centrarse en los objetivos parciales, primero, estar en la línea de salida; segundo, pasar el primer corte, Refugio de la Renclusa a las 11 de la mañana. Creo que si pasamos el corte de las 3 de la tarde la carrera estará muy a favor.
Me falta el vaso, los geles/barritas y la venda. Vaso compré el año pasado y, o se lo dejé a alguien o lo he perdido.

18 de Julio.
Hala, un día menos. Vamos concretando y cerrando temas pendientes, como el traslado. Parece que saldremos el viernes sobre las 3, en el Yeti de Josi, como el año pasado. A ver si va todo igual de bien. Tengo ya todo, menos el vaso plegable, que creo va a ser un tetrabrik.
En la meteo que viene dan una primera previsión de buen tiempo, incluso calor por la tarde. Alguna nube se agradecería, pero habrá lo que haya. Ayer bajé al entreno, se supone que para no correr, pero algo – muy poco – hice y además, tuve regalo. No sé si es casualidad, pero vuelvo a tener una molestia en la corva (manda narices, el sábado más de treinta km. y cero molestias, ayer bajo a pasear y mira). Será cuestión de estarse quieto DEL TODO.

20 de Julio
Bueno, ya hemos recibido el correo de la organización, con los previsibles revuelos. El cubre pantalón impermeable se queda en casa. Ayer fui al entreno, sólo para echar una mano si hacía falta y me porté (casi) bien. Los compañeros nos han animado mucho, y me da mucho impulso que confíen en mí (mucho más que yo mismo). Tengo la sensación de que estoy todo lo preparado que puedo estar, éste soy yo, todo lo que podía sacar está ya sacado. Hay que recordarse constantemente que esto no es más que una carrera, un día de fiesta.
Sergio ha recogido hoy las camisetas, ya tengo el material ordenado encima de la mesa y toca esperar un poco. Esperando el parte meteorológico de la meteo que viene, aunque todo apunta a buenas condiciones.
Esta noche reunión en el Berlín, recogida de camisetas y a compartir risas y nervios.

21 de Julio
Las camisetas y los polos, de lujo. Vamos a llevar la equipación más bonita de la carrera. Se confirma por la meteo que viene que las condiciones de tiempo van a ser buenas. Ayer un poco de bajón (bastante) por la presión del corte. Voy muy bien acompañado.
He dormido bastante poco, así que me he levantado ponto y he vuelto a revisar el material obligatorio. Todo completo, y parece que cabe bien en la mochila. Por lo comentado ayer, a pesar de que el año pasado no los toqué, me tendré que hacer algún bocadillo.
Estoy raro de narices, dolor de cabeza y sensación rara. Espero que sea solo nervios.

24 de Julio
Bueno, toca hacer memoria. Lo primero es que no pudo ser, pero ya llegaré a ese punto.
El 21 viajamos con Josi, Carlos, Sofía y yo mismo. En Graus paramos a tomar un café y coincidimos con Sergio, Raquel, Juan y los chicos. Llegada a Benasque, control de material y recogida de dorsales. En la recogida me encuentro con gente y tengo efectos distintos: los que me animan y los que me recuerdan donde me he metido. Nota mental: hablar lo justo. Finalmente pudimos correr todos los desplazados. Cenamos en el Hotel Ciria y a la cama. No pude estar en la salida de la Gran Trail, estaba muy cansado y con muchas ganas de dejar de pensar. Tuvimos la buena noticia de que Manu era uno de los escobas en el primer tramo, lo que me quitó mucha presión.
El 22 de buena madrugada, arriba. Cosa rara, no me entra el desayuno. Me obligo a comer, y sobre las seis y media vamos para el cajón. En la salida nos despiden Chusa, Arantza, Bea, Carlos y Natxo. Conforme se va acercando la hora, suben las pulsaciones y me viene a la cabeza Enrique. Siempre me acompaña en los grandes momentos, y no me iba a fallar hoy. Salgo disimulando las lágrimas, después de abrazarnos los tres.

 

La salida es algo más rápida de lo que pensaba y me cuesta un poco coger ritmo hasta que rompo a sudar. Subimos de manera inteligente, corriendo cuando se puede y andando cuando no. Pasamos Baños de Benasque, el Hospital, y después de una buena tirada con bastante presión por el corte pasamos por el control de la Renclusa a las 10.30, con media hora de margen. Hidratarnos, comer y seguir para adelante. Se supone que era el tramo fácil, pero hemos sufrido. Ciertamente, viendo lo de después, era un paseo. Hablo bastante con una chica de Albacete, Aurora, que corre con su marido, aunque él ha tirado para adelante. La busco después (sólo hay una Aurora en la Vuelta) y resulta que abandonó en Llauset. Gran corredora, y muy buen ánimo.
Comienza entonces un tramo duro, duro, duro de cojones. Refugio de La Renclusa – Collado Salenques. Nuestro mini-grupo comienza a estirarse, Sergio y Juan por delante, yo como puedo. No debo desfondarme a estas alturas de carrera. Sergio y Juan me esperan, me van recogiendo y me voy enganchando. Así más o menos hasta Aigualluts, me acuerdo de Isabel metiéndose en el agua el agosto pasado ahí mismo. En un momento dado, intentando seguir el ritmo me caigo dos veces en 100 metros e insisto en que me dejen solo. No tiene sentido ir a un ritmo que no es el mío ni penalizar a quien puede ir más ligero. Empieza una nueva carrera, la más dura que he corrido desde que he empezado a correr. Supongo que es una especie de doctorado.

La subida a Salenques es famosa, y ya sé por qué. Kilómetros de ascensión en bloque implacable de granito. No hago más que mirar al suelo, y aun así tengo problemas. Resulta que tenía a mi derecha el Aneto y ni me enteré. Paisaje sobrecogedor, casi lunar. En la subida oigo los gritos de Sergio animándome, al punto que una chica que pasa al lado de mí dice “joder, quiero ser Jesús”. La subida es muy dura, aunque la climatología es clemente con nosotros. Corono el collado sobre las dos de la tarde, y primera decepción, creía que había algo arriba. Mal plan, es evidente que allí no puede haber nada más que alguien controlando el paso, y gracias. Me pregunto cómo han podido subir el material hasta allí arriba si a mí mi mochila me parece pesar una tonelada.
Durante el camino, recibo la valiosa ayuda moral de un chaval de Barcelona, Martín. Cada vez que para me busca y se asegura de que vaya bien. Debo tener una pinta muy regular para que se porte tan generosamente. Lástima, no memoricé su dorsal, y no sé cómo acabó. Desde aquí, mi agradecimiento total, Martín.
La bajada es igual que la subida, un tormento de granito. No hay senda más que muy al final de este tramo, con frecuentes destrepadas. Menos mal que hay agua, porque definitivamente he hecho corto, a pesar de que he mantenido siempre un mínimo de seguridad. Paisaje impresionante de ibones y roca, lástima no poderlo disfrutar. Al comenzar la bajada un viento terrible, pero bien de temperatura. No llego a ponerme el cortavientos. Pierdo mucho tiempo en la bajada, me resulta muy dificultosa. Cada vez quedamos menos corredores, y puedo decir con orgullo que he sido capaz de seguir las marcas en alta montaña, con mucho sufrimiento, mucha caída, manteniendo la cabeza centrada y sin nadie en quien descargar la responsabilidad. Me pasa lo que había oído que pasaba a los corredores de grandes distancias y no me había pasado nunca, empiezo a hablar conmigo mismo en voz alta. Tira Jesús, que allí tienes la marca. No, por aquí no, justo al revés. Bien Jesús, ya se ve el collado. Qué curioso es el ser humano.
Llego a Llauset a las 5 y 10, y me dicen en el Refugio que Sergio y Juan me han estado esperando un montón y que se acaban de marchar. No estoy para alcanzarles y decido parar, comer e hidratarme. Luego me entero de que les dicen (erróneamente) que estaba con los escobas y virtualmente fuera de control. Intento conectar el móvil y parece ser que se ha mojado, no consigo accionar la pantalla móvil. Tengo una conversación con el responsable del avituallamiento, y constato que por tiempo voy a ir muy justo, y que si consigo acabar voy a tener que afrontar mucho tramo de noche. Comienzo la subida hacia el collado y me da un bajón de ánimo cuando me doy cuenta de que no queda nadie detrás. Luego me entero de que no hay nadie detrás porque no han pasado el corte en Llauset. Soy oficialmente el último corredor en carrera, aunque aún no lo sé. Intento llamar a Ana para decirle que se tranquilice, y recibir un poco de apoyo moral, pero el móvil no me deja. Me acuerdo de la bolsa que tenía que haber llevado para el móvil, como hace Curro. Va a ser que se me ha mojado, llevo un ladrillo de cuatrocientos euros.
En el último tramo de la ascensión al collado, los escobas (Juan Carlos y Miguel Ángel, dos corredores de Zaragoza ) nos recogen a mí y a un chaval de Barcelona (no Martín, otro). Qué gran trabajo, y qué animosos. Me dicen al principio que si quiero puedo ir andando con ellos, que nos da tiempo. Sin embargo, estoy muy fatigado y ya no controlo como debería. De hecho, me caigo en un paso fácil y me recomiendan no afrontar la subida a Estibafreda. Desde luego, ya había tomado esa decisión, aunque la renuncia es dolorosa. Llegamos a la vez tres corredores y yo, escoltado por los escobas, con hora y media sobre el tiempo de corte. No está mal, Jesús, al menos no te han echado. Los tres compañeros deciden seguir, pero yo entrego mi dorsal en el Refugio de Coronas (Pescadores). Entiendo que debe ser así, pero quitarme el dorsal me duele mucho más que las heridas por las rocas.
Subo al autobús y para mi sorpresa está lleno, muchas caras conocidas de los que he ido viendo por el camino. La parte positiva es que, salvo algún momento concreto, he mantenido el tipo, y mis piernas han respondido. Simplemente, ha sido demasiado para mí, o para mí en este día concreto. Me retiro marcando mi reloj 40,26 kilómetros, 3308 de desnivel positivo y 2486 de negativo. Al menos eso es lo que dice mi Suunto, no coincidiendo con los datos oficiales. No he terminado, pero tampoco es una minucia lo que he hecho.
Al bajar del autobús Marta me dio el abrazo más rico de mi vida. Luego, el segundo más rico, Sofía.

Sergio y Juan completaron la gesta, con mucho sufrimiento. No fue nada fácil.
Alejandro y Ángel no consiguen completar la gran trail, y deciden, como yo, retirarse a tiempo. Mucha suerte Ángel para tu gran reto, estaremos contigo, y sé que lo percibirás.
Fuen, Natxo, Jaime, Carlos, Curro y Josi cumplieron con nota. Curro tuvo un percance serio, con herida en la cabeza, y pese a ello consiguió terminar. Josi hizo un tiempo espectacular. El equipo de cuatro se desdobló en dos, Natxo con la alcaldesa y Carlos con Jaime. Feliz por saberos en meta.
El domingo completaron el trabajo Raquel y Adrián, enhorabuena por vuestras carreras. Lamento no haberos visto, pero tenía la necesidad de ir para casa, muchas emociones que procesar y muchas ganas de ver a mis chicas.
Gracias especiales a las dos voluntarias, Marta y Sofía, y al pack de animación, Chusa, Arantza y Bea. Es una gozada sentirse querido.
Y también a los ausentes físicamente que estuvieron en espíritu presentes y muy pendientes, Miriam, Soriano, Ceci, Quique, Andrea, Floren, Maripili, Pablo, y tantos otros. Y a mi equipo de iniciación – cada día más fuertes, cada día mejores- en pleno.

Gracias #mundo080. Seguimos corriendo, ¿no?

Compartir

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here